He adquirido el hábito cruel de vivir en la nostalgia de las cosas por hacer.
Todas las novelas no escritas pueden ser grandes novelas porque no tienen la necesidad de probarse a sí mismas.
Todos los amores apasionados, todos los amantes dormidos, todos los destinos soñados pueden, casi deben, ser perfectos, eternos, cumplidos; porque no tienen la necesidad de sustanciarse para que los ames.
Todas las cosas buenas, en fin, todas esas fenomenales experiencias esperan a mi yo nostálgico del porvenir en un futuro ausente aunque no tan lejano. A la vuelta de la esquina del sofá, atravesando la puerta del salón; justo más allá del alcance de una metafórica mano, en la mesita de noche de mi habitación.
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