Hoy, me llama una buena amiga que piensa dar un curso de dos días sobre el autismo. Nos conocemos de eso, ambos somos voluntarios. Algo más que voluntaria, ella. Me llama porque sabe que el tema me interesa. Me interesa la comunicación. Me interesa mucho más desde que tuve que afrontar el reto de comunicarme con un niño que no me entendía, que, tal vez, ni siquiera quería entenderme. Mediante la experiencia de este voluntariado, me di cuenta de algunas cosas. Lo que nos limita a la hora de comunicarnos, los problemas de comprensión que nos surgen, derivan de nuestra incapacidad de asumir el código de aquella persona a la que queremos comunicar algo. Nos resistimos a lo que pensamos que es abandonar nuestras formas, nuestras verdades, nuestras realidades. Aquellos niños me enseñaron que para llegar a otra persona, a lo más básico, hay que abandonarse, y que un buen comienzo en ese camino es transmitir el respeto y amor que sentimos. Ser flexibles es básico. Adaptarse necesario. Comprender y ser comprendido posible, incluso en los casos en los que parece todo perdido... el diálogo puede existir.