Hace tiempo, ya me gustaba mucho esto de escribir, pero contaba con un gran inconveniente cuando uno se plantea comenzar cualquier texto, no tenía voz.
Ahora, sigo buscando mi voz mientras camino. En ocasiones el camino tuerce y te guía por derroteros como estos. Finalmente el medio pasa a ser más casual, y lo que queda de esta búsqueda iniciada hace mucho es una voz. Una, con la que poder expresarme. Una con la que discurrir, argumentar, estructurar e integrar el discurso que guía mi vida; aquello que soy, y aquello que aspiro a ser. Eso, y el ruido de mis pies al andar. Un saludo a todos los que se paseen por aquí, y un abrazo.